Los gigantes ausentes

By Mariana Esther Martínez Sánchez Marzo 28, 2018 157 No comment
Hubo un tiempo en que los gigantes deambulaban por los continentes: mamuts de 12 toneladas, perezosos de seis metros de largo o armadillos del tamaño de coches. Aun antes que ellos, por el mundo caminaban dinosaurios de más de 70 toneladas y anfibios de nueve metros de largo. En México podemos ver los restos de estos titanes en Sonora, Aguascalientes, Jalisco y el Estado de México. Pero hoy en día lo más cercano a criaturas de esas magnitudes son los cada vez más escasos elefantes africanos de seis toneladas. ¿A dónde se han ido estos gigantes?
 
La extinción de la megafauna está estrechamente relacionada con el surgimiento de la agricultura, plantea Hervé Bocherens de la Universidad de Tübingen, Alemania, en el estudio publicado recientemente en Frontiers in Ecology and Evolution. La mayor parte de los mamíferos gigantes desaparecieron a manos de los seres humanos y el cambio climático. Esto es particularmente notable en América, Australia, Nueva Zelanda y Madagascar, donde la megafauna desapareció poco después de la llegada de los seres humanos. La extinción de estos animales de más de una tonelada conocidos como megafauna, tuvo serias consecuencias ecológicas. La megafauna llevaba a cabo funciones ecológicas cruciales como remover árboles para que el sol llegara a las zonas de vegetación baja, mover nutrientes a largas distancias o transportar plantas con semillas y frutos grandes como el aguacate y las calabazas.
 
La extinción de la megafauna tuvo serias consecuencias. Por ejemplo durante la última glaciación hace 20,000 años, la estepa de los mamuts era el ecosistema más grande, cubría desde lo que hoy ocupa España hasta el norte de China y Canadá. La estepa fría y seca estaba poblada de pastos y arbustos, además de mamuts, bisontes y caballos. Sin embargo este ecosistema desapareció súbitamente hace 12,000 años debido al cambio climático y a la disminución de la población de mamuts por la cacería. Sin los mamuts los árboles crecieron convirtiendo la estepa en los bosques boreales de hoy en día. Este cambio tuvo efectos a nivel global, pues la estepa al ser dorada en verano y blanca de nieve en invierno reflejaba la luz solar, en cambio los bosques modernos son oscuros y absorben más luz, lo que incrementa la temperatura.
 
Sin embargo en muchos lugares la desaparición de estos colosos impactó el ecosistema menos de lo esperado gracias a los seres humanos y a la agricultura. Poco después de la desaparición de gran parte de la megafauna, los seres humanos pasaron de ser recolectores a agricultores, fenómeno conocido como revolución neolítica. En muchos lugares el papel que tenían los animales gigantes lo asumieron los seres humanos y la agricultura, explica Hervé Bocherens. La tala de bosques, la fertilización de los campos y la siembra de plantas sustituyeron parcialmente las funciones ecológicas de la megafauna. Esto parece indicar que la extinción de la megafauna permitió a los humanos primitivos sustituirla en el ecosistema. Al mismo tiempo la agricultura contribuyó a su extinción ya que estos animales eran cazados por los seres humanos, y también ellos competían por recursos y muchos de sus hábitats desaparecieron o los fragmentó la actividad humana.
 
A lo largo del tiempo la Tierra ha sufrido ciclos de cambio climático y extinciones. Sin embargo no debemos subestimar el papel de los seres humanos en estos procesos. Nuestras acciones pueden tener consecuencias a nivel global, como muestra la desaparición de la megafauna y de la estepa de los mamuts. ¿Podremos también revertir nuestros efectos en la Tierra algún día?  
 
Foto: CONABIO
Fuente: Bocherens, H. (2018). The Rise of the Anthroposphere since 50,000 Years: An Ecological Replacement of Megaherbivores by Humans in Terrestrial Ecosystems?. Frontiers in Ecology and Evolution, 6, 3. 
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Last modified on Miércoles, 28 Marzo 2018 20:35

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